«Creamos un ecosistema interconectado que contribuye al cumplimiento de la misión científica de IFMIF-DONES»
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Juanjo Rueda (Granada, España) es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Actualmente ejerce como responsable de Infraestructuras en IFMIF-DONES. Uno de sus mayores desafíos es afrontar la elevada complejidad de integrar en la infraestructura todos los sistemas que formarán parte de la instalación.
– PREGUNTA (P): ¿Cuáles son tus funciones como responsable de infraestructuras en IFMIF-DONES?
– RESPUESTA (R): Mi función es liderar la unidad encargada de la puesta en marcha, operación y mantenimiento de todas las infraestructuras, equipamiento y servicios asociados de IFMIF-DONES. La Unidad de Construcción ejecuta las distintas instalaciones y, una vez completadas, la Unidad de Infraestructuras las recibe y asume su gestión durante toda su vida útil. Esto incluye edificios, instalaciones técnicas, suministros, servicios generales y todos aquellos sistemas que permiten que la instalación funcione de forma segura, eficiente y fiable. Nuestro objetivo es garantizar que la infraestructura esté siempre disponible para que IFMIF-DONES pueda cumplir su misión científica.
– P: ¿Cómo gestiona la magnitud de la responsabilidad que tiene a su cargo? Estamos hablando de la infraestructura científica más grande de España
– R: Siempre he entendido la responsabilidad como una oportunidad de crecimiento, nunca como un problema. Por eso, todas las responsabilidades que he asumido a lo largo de mi trayectoria, incluida la que desempeño actualmente, las he afrontado con ilusión, motivación y compromiso.
Soy consciente de que estas cualidades, por sí solas, no garantizan el éxito, pero sí constituyen herramientas fundamentales para afrontar cualquier reto y aumentar las posibilidades de alcanzarlo. Creo que la actitud con la que uno encara los desafíos marca la diferencia.
La responsabilidad que tengo hoy es, sin duda, muy grande, pero también es una de esas oportunidades profesionales que resultan especialmente ilusionantes. Por ello, la asumo con entusiasmo, con el compromiso de dar lo mejor de mí y la motivación de contribuir al éxito de un proyecto tan relevante como IFMIF-DONES.
– P: ¿Qué hace especialmente complejo el desarrollo y gestión de las infraestructuras de IFMIF-DONES?
– R: Durante la fase de construcción, la complejidad es especialmente elevada debido a la necesidad de integrar en la infraestructura todos los sistemas que formarán parte de la instalación. Esto incluye los sistemas del acelerador, los sistemas de litio, remote handling, energía, climatización y ventilación (HVAC), control de accesos y muchos otros sistemas y elementos críticos. En este contexto, Infraestructuras desempeña un papel transversal, ya que debe interactuar y coordinarse de forma continua con todas las áreas del proyecto.
Una vez finalizada la construcción, la complejidad no desaparece, sino que evoluciona hacia la operación y el mantenimiento de una instalación científica única, con requisitos muy exigentes en términos de disponibilidad, fiabilidad y seguridad. Para responder a estas exigencias, todas las infraestructuras y servicios deben operar de forma coordinada, como un ecosistema interconectado en el que cada sistema contribuye al correcto funcionamiento del conjunto y al cumplimiento de la misión científica de IFMIF-DONES.
– P: ¿Cuál ha sido el mayor reto al que te has enfrentado hasta ahora en el proyecto?
– R: Desde mi incorporación al proyecto he tenido la oportunidad de asumir la responsabilidad de diferentes áreas, algunas de ellas muy especializadas. Entre las más destacadas se encuentran los análisis RAMI (Reliability, Availability, Maintainability and Inspectability), unos estudios probabilísticos exhaustivos que permiten evaluar la disponibilidad y fiabilidad de distintos sistemas. Gran parte de este trabajo lo desarrollé durante mis dos primeros años en el proyecto, en una estancia en Roma que supuso una experiencia muy enriquecedora tanto desde el punto de vista técnico como profesional.
No obstante, si tuviera que destacar un hito reciente, probablemente sería la puesta en marcha, equipamiento y traslado de todo el equipo internacional de IFMIF-DONES a los cuatro nuevos edificios del proyecto. Se trataba de una actuación con un elevado nivel de complejidad organizativa, que requirió coordinar a numerosas áreas, usuarios, contratistas y proveedores, garantizando al mismo tiempo que la actividad diaria del proyecto se viera afectada lo menos posible.
Ver hoy a todo el equipo trabajando en unas instalaciones modernas, operativas y diseñadas para acompañar el crecimiento futuro del proyecto es una gran satisfacción.
– P: ¿Qué impacto tendrá IFMIF-DONES para Granada y España?
– R: A nivel personal, hace 5 años tuve la suerte de incorporarme al proyecto en un momento muy emocionante. Desde entonces, he sido testigo de cómo IFMIF-DONES ya está situando a Granada y a España como referentes internacionales dentro del campo de la energía de fusión.
La experiencia de otras grandes infraestructuras científicas y tecnológicas en el mundo demuestra que este tipo de proyectos actúan como motores de desarrollo, generando a su alrededor un ecosistema de empresas y servicios que favorecen la creación de empleo. Estoy convencido de que IFMIF-DONES está teniendo y tendrá un efecto similar, contribuyendo al crecimiento económico y a la creación de nuevas oportunidades para Granada, Andalucía y España durante las próximas décadas. Además, la existencia en la provincia de una institución de gran prestigio como es la Universidad de Granada, con la que existen colaboraciones y sinergias naturales, hace que todo lo anterior se potencie.
– P: El voluntariado también forma parte de su trayectoria profesional. ¿Qué le aporta su colaboración con ONGs?
– R: El voluntariado ha sido una parte importante de mi vida y llevo colaborando con Proyecto Esperanza desde hace 10 años. Creo firmemente que quienes tienen la capacidad de ayudar, ya sea aportando tiempo, conocimientos o esfuerzo, también tienen una responsabilidad hacia los demás. Es un valor que me han transmitido mis padres a través de su ejemplo y que siempre he intentado poner en práctica.
Además, la ayuda no tiene por qué dirigirse a personas que viven a miles de kilómetros, también podemos marcar una diferencia en nuestro entorno más cercano, prestando atención a quienes nos rodean y desarrollando la empatía necesaria para identificar cuándo alguien puede necesitar de nuestro apoyo, consejo o ayuda.
Precisamente, una de las principales enseñanzas que me ha dejado el voluntariado es el valor de la empatía. Te recuerda la importancia de las personas y el impacto que pueden tener los pequeños gestos en la vida de los demás. Ver cómo tu dedicación puede contribuir, aunque sea de forma modesta, a mejorar la situación de otra persona resulta enormemente enriquecedor.
Además, estas experiencias me han ayudado a escuchar más, a comprender realidades diferentes a la mía y a poner las necesidades de otras personas en perspectiva. Considero que estas son cualidades fundamentales, no solo en el ámbito personal, sino también en el profesional.